Cuento: La Familia

Las casas flotantes provocaban una siniestra sombra que se dejaba ver a toda hora, la magia desaparecía cuando aquellas quedaban deshabitadas como si la vida ponía en el aire a cada hogar. No sé desde cuando vi las casas flotar, alguna vez mi abuelo me dijo que nunca pase por debajo de una, porque nunca puedes saber cuando se va a terminar o romper una familia, de repente todo se vuelve negro y la ruptura es inevitable, así los hogares se van abajo.

Este barrio daba la impresión de felicidad y estabilidad, no veías nunca una casa caer, los niños llegaban al medio día en sus zapatos que por unos cuantos minutos los mantenían en el aire y llegar seguros a las tranquilas alturas de su casa. Lo que no entiendo es el sistema, parecería que tienen vida propia o cierto mecanismo que les permite detectar las emociones. No se me permitió llorar ni hacer algún tipo de berrinche que exponga cualquier desacuerdo. Así crecí privado de emociones, porque creo que de vez en cuando no está mal soltar las lágrimas, como los robots que se encargan de la limpieza en casa casa, ellos no sienten solo cumplen labores aunque hay otros humabots que si que hacen más que tareas de limpieza, aún así, los que saben los programan y se limitan a una cantidad de parámetros, solo las grandes franquicias se permiten robots de ese coste.

Un día tuve un pleito con mi hermano y mi mamá corrió hasta donde estábamos y nos saco de la casa por las escaleras flotantes que daban al patio mientras sonreía sin poder evitar que la gran vena que se le marcara en el costado de la frente, respirando como si tuviera contracciones, no soltó palabra alguna, todo ese acto gesticular nos dejó pasmados y dejamos de pelear por los juguetes, el solo pensar en la expresión de mamá nos hacía reprimir cualquier enojo.

Que clase de vida es ésta? Me pregunto en donde quedaron las casas que no les importaba si flotaban o no, aunque no sé qué es lo que más les aterra, que se caiga la casa, o lo que piensen los demás.

Dicen qué hay casa que, aunque muera un indigente dentro o que niños felices solo conozcan la felicidad y armonía total, no flotan ni se caen, pero con eso de la inseguridad y el subsidio a las casas flotantes, se aseguran un dinero, quienes aprovechan tal superficial e innecesaria situación.

Ayer decidí escapar. Tal hipocresía me enferma y ni siquiera puedo poner gesto de enfermo, qué pasa si mueren papá y mamá? Reiré a carcajadas? No. Aunque ellos permitan tal disparate los quiero demasiado, soportando nuestras peleas sin darnos una tunda aunque lo mereciéramos. Mi hermano no quiso venir, dice que sin mí estará más cómodo y no habrá motivo para irse estando yo fuera de casa. No me importa ese pensamiento egoísta. Por eso y más me voy.

El sol ha desaparecido totalmente y las luces se encienden automáticamente desde las aceras hasta los portales de cada casa del conjunto, trago saliva y pienso en la dirección que tomaré, me emociona que podré vivir y sentir libremente.

El robot pasea dando una última ronda limpiando cada espacio de cada habitación, superando la acción de cualquier humano, no sé cómo vivirían antes sin esto en casa.

Cuando noté que la luz del dormitorio de mis padres se apagó, camine por el pasillo tratando de no hacer un solo ruido a pesar de que mi mochila pesa más de lo normal, deberían inventar algo que comprima la ropa en una cápsula como las píldoras que toma papá antes de cada comida o esos autos de bolsillo modernos que evitan el uso de parqueaderos.

Mi hermano avanzó hasta mi dándome un gran susto, solo me pregunto si no me importaba que se quede con mi reproductor holográfico, le dije que si con un movimiento rápido de mi cabeza y le hice señas para que se marchara. Por fin fui lentamente hasta la ventana que estaba junto a la cocina, era grande, no hacía ruido ni al abrir ni al cerrar y cabía perfectamente, primeramente baje mi maleta con una cuerda hasta que el césped recién cortado por la robot sostuviera su peso, me coloqué mis air-shoes para descender lentamente, así toque el césped y junto con el frío de la noche la casa cayó justo detrás de mí, no sabía si correr o buscar a mi mamá y papá, porque, aunque no se destrozo, sufrió y gran daño y una gran sacudida que debe haber sacado al todo el vecindario de su sueño o cualquier tarea en la que hayan estado ocupados. Corrí para esconderme tras un auto grande, de los pocos que se ven estos días, o eso es lo que dice mi papá, mi familia va a odiarme, pero lloraré sin temor y de seguro mi mamá relaja su rostro.

Autor: Christian Ayala V.

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“My word is so deep”

Empleando una corta frase de una de mis canciones favoritas (MYK & Tablo – S.O.B), recordandome los momentos en los que como niños y posteriormente jóvenes, ganamos un nivel de confianza en nuestra forma de pensar, levantando irreverencias compuestas y descompuestas pero aún así construyen más de lo que hoy, casi de forma automática percibimos en nuestro entorno.

Son perceptibles los muchos movimientos que buscan generar un cambio ideológico, altamente crítico a los ineficientes gobiernos que, hechando migajas a quienes ellos consideran estar por debajo de ellos, crean cortinas en las que muchas veces nos ennredamos. Escribiendo desde la perspectiva de alguien que va en el transporte público, entre corbatas, faldas, jeans rotos y ponchos que han aguantado todos los vientos, veo mucho conformismo, esa erronea idea vendida diariamente en todos los medios de comunicación e incluso nuestra familia, tiene muy marcado el sentimiento de derrota, de incapacidad ante el fatal cuadro surrealista de catástrofe económica, social; dejando el realismo por un momento, porque el cuadro por más surrealista que sea, termina siendo real, necesitamos cambiar esa realidad para dar pasos al frente con acciones que no sean solo un ideal y de a poco gener conciencia en nosotros y después a los demás. Suena obvio, y conforme vamos adentrándonos en la vida lo sigue siendo, este mensaje de amor y paz, de positivismo para muchos solo es una paranoia, resulta que lo que oímos en las calles es un chiste mal contado por unos pocos y ahora la ola es demasiado grande y pocos sobreviven al golpe. My word is so deep, es una expresión simple y tampoco es para profundizar en ella es solo la que idea de los cada vez menos soñadores que si tienen actitud y con seguridad hablan y comparten mensajes de propósitos más importantes.

Visiones

Mi deseo de escribirles es para abrir la mente hacia las infinitas preguntas y respuestas que cotidianamente nos absorbe en cierta medida o magnitud. Aquí la intención es integración, ideales, impresiones, inspiraciones y porque no, criticas por tanta sustancia ingeniosa que merece tener cabida aunque sea, sin menospreciar, en un blog. El aunque sea, expresión ecuatorianamente comun, se decanta por el mínimo interés por indagar en el conocimiento. Así es que propongo tener una visión más a considerar, no como verdad, sino como lo que es, una simple consideración, me tomo este medio como un desahogo sin caer en el vacío e inútil egocentrismo o incluir palabras rebuscadas para mostrar forzosamente el intelecto y sabemos que así no funciona pero positivamente quiero pensar que queremos crecer intelectualmente y de forma personal, espiritualmente.

De aquí o de allá

Sin duda éste mundo sería más hermoso o, hablando más honestamente, “vivible” porque hay cosas que difícilmente cambiarán pero, en lo que respecta a quienes buscamos ser mejores, seguimos proponiendo cambios y sobre todo acciones que propicien unión. Aquí es donde las limitaciones son abundantes, por las cada vez mas segregadas clasificaciones, los extranjeros, los negros, los indígenas, los de clase baja, media y alta, los gordos, los flacos, los deportistas, los intelectuales, los que comoran Iphone, los que compran Huawei, y podría seguir durante horas las tantas variantes que nos dividen unos con otros, lo para mí son molestas etiquetas, hay otros que buscan ser etiquetados porque los medios de comunicación tradicionales, así nos lo han mostrado, modelos que nos vuelven vulnerables y cada vez más predecibles.

Después de comentar lo obvio para muchos, o inaceptable para los que viven en negación, pienso en nuestro sentido de pertenencia, no me refiero a pertenecer a una ciudad, país o alguna etiqueta antes mencionada, me refiero a nuestro sentido de pertenencia como humanidad, pienso en esto por nuestra nefasta realidad o nuestro tan conocido desapego de las soluciones, porque no es lo mismo hablar destras de un escritorio que hablar desde las calles. Entonces, ¿A donde quisiéramos pertenecer? Y, ¿A donde deberíamos pertenecer?.

La migración, más allá de ser un fenómeno que muchas veces parte de la necesidad, el aporte de experiencias y conocimientos que se mezclan en todas las áreas nos hace ver nuestras similitudes con motivaciones que si bien es cierto son individuales, no es difícil saber que cada persona en este mundo compartido anhela paz y felicidad, aunque los estereotipos nos quieran vender muestras de felicidad en empaques desechables que nos terminan contaminando, he conocido personas que en su búsqueda de esperanzadoras verdades, nos comparten conocimientos que en lugar de llevarnos a la oscuridad nos hacer ser actores más que jueces.

Personalmente me considero un ciudadano del mundo y me gusta pensar que pertenezco a éste planeta, pudiendo defender la diversidad cultural aplaudir a las personas que se tienen u gesto amable que aportan con su honestidad y sobre todo acciones altruistas, características que no necesitan de una bandera acciones que demuestran que todavía podemos creer.